ME HE ALEGRADO como el que más de que se haya proclamado al Teide Patrimonio de la Humanidad. Y hay que resaltar que esto se debe a la singularidad y valores extraordinarios que desde el punto de vista volcanológico y paisajístico tiene este volcán a nivel planetario, condición indispensable que la UNESCO exige en estas circunstancias. Singular, es decir, que sea “especial”, como sus características volcanológicas, no algo común y muy extendido, como podría ser su belleza (cada región considera su volcán o montaña como la más bella del mundo), o sus endemismos de flora y fauna, habituales en estos escenarios de difíciles condiciones que empujan a la especialización. Y de valor extraordinario, es decir, que sea representativo a una escala y con una magnificencia manifiesta, lo que cumple sobradamente el Teide al ser un laboratorio en su “especial” tipo de volcanismo de una representatividad y grandeza única en todo el planeta. Por otra parte, su tamaño como paisaje es ideal, no tan enorme como el Mauna Loa o el Mauna Kea, que no se perciben en su conjunto, salvo desde el mar a gran distancia o desde el aire. El Teide, en cambio, tiene justo el tamaño que se puede captar en su totalidad, sobre todo desde el borde de la Caldera de Las Cañadas o desde su cima.
Insidiosas noticias en la prensa nacional y local van desgranando la idea de que esta declaración se debe a las gestiones llevadas a cabo por políticos en el escenario internacional. Es decir, el mérito no es tanto del Teide como de los políticos. Esta desagradable conclusión es muy acorde con el pensamiento imperante en toda España, donde todo se “concede”, se logra a base de recomendación, “manga”, concesión magnánima de los poderosos. Si esto es así, ¿es que acaso el politiqueo ha hecho que gane el Teide frente a otros candidatos más meritorios por pura presión política? Totalmente falso: el Teide tiene argumentos sólidamente científicos que, en cierta forma, obligaban a su aceptación, y voy a intentar explicarlos, ya que me encargaron que preparara esos argumentos de singularidad y extraordinario valor geológico en la fase de presentación de la solicitud.
El Teide está localizado en las Islas Canarias, una alineación de islas volcánicas de intraplaca situada a sólo 100 kilómetros del borde continental africano, que ha sido originada por un punto caliente de baja intensidad asociado a una placa litosférica de muy lento desplazamiento.
La antigüedad (unos 180 millones de años) y rigidez de la corteza oceánica sobre la que se asienta el Archipiélago Canario y su proximidad a un borde continental pasivo constituyen un marco geodinámico singular, posible causa de la ausencia de subsidencia significativa de estas islas. Este hecho las diferencia de la mayoría de las islas oceánicas de intraplaca, situadas generalmente en el interior de los océanos y sobre corteza oceánica mucho más flexible, que se hunden en el mar en un tiempo relativamente corto (unos millones de años, menos de 6 en las Islas Hawai; si pasara lo mismo en Canarias, todas las islas, menos La Palma y El Hierro, estarían sumergidas). Por el contrario, las Canarias permanecen emergidas después de más de 20 millones de años de evolución.
Una consecuencia de este especial ambiente geológico es que en las Canarias se presenta completo el ciclo evolutivo de este tipo de islas volcánicas y, correlativamente, la serie magmática íntegra de esta clase de volcanismo, así como sus productos, formas y estructuras, que sólo se encuentran de forma muy parcial en las demás islas similares, limitados al volcanismo típico de la etapa de evolución juvenil y a los magmas menos evolucionadas de esta serie magmática.
Además, el Teide está situado en la isla de Tenerife, central en el archipiélago y actualmente con 12 millones de años de antigüedad, en el punto máximo de crecimiento, mientras que las islas más occidentales están aún en una fase incompleta de desarrollo y las más orientales la han sobrepasado, inmersas ahora en la etapa de volcanismo post-erosivo residual e intenso desmantelamiento erosivo.
Por otra parte, el Parque Nacional del Teide abarca la parte más importante de las erupciones correspondientes a la última fase volcánica de Tenerife, en la que se ha producido una compleja combinación de procesos geológicos singulares que incluye: 1. La culminación de un volcán central explosivo (el edificio Cañadas), 2. Su destrucción por un colapso gravitatorio que dio lugar a la formación de una espectacular caldera (Las Cañadas), que tiene su continuación en el valle de Icod-La Guancha, y 3. Su posterior relleno por las erupciones originadas en dos “rifts” activos, cuyos magmas se modificaron por diferenciación hacia los términos más extremos de la serie magmática (fonolitas, traquitas), generando dos estratovolcanes anidados en la cuenca de colapso.
Todas estas consideraciones confieren a este escenario natural un extraordinario interés geológico y volcanológico, y no sólo en su vertiente científica sino susceptible de interesar a un gran número de personas.
No puede sorprender que la UNESCO lo haya aceptado en la restringida lista del Patrimonio de la Humanidad. En esta lista estaba hace tiempo el Parque Nacional de los Volcanes de Hawaii. Pero este magnífico parque norteamericano es incompleto, sólo presenta una fase, la inicial, de la evolución de las islas volcánicas oceánicas, eso sí, maravillosamente representada en todas sus formas, estructuras y mecanismos eruptivos. El perfecto complemento de este escenario volcánico es, precisamente, el Parque Nacional del Teide, que tiene lo que le falta al anterior: los productos, formas y estructuras volcánicas de la fase final de evolución de este tipo de islas.
Así se argumentó y por eso se ha aceptado, por lógica y méritos propios, al Teide, que complementa y completa los escenarios más representativos, a escala global, de las islas volcánicas oceánicas. Por eso, el comentario del delegado de Israel y EE UU de que el Teide “cerraba” la lista en este campo concreto. Enhorabuena, pues, a todos, pero no empecemos a menoscabar al Teide, majestuoso eterno, para ensalzar a unos pocos políticos ávidos de chupar cámara.
Termino con un ejemplo que espero sea de fácil comprensión. Existía hasta ahora un fantástico museo de pintura, con miguelángeles, leonardos, rembrandts, rafaeles, goyas, pero faltaban los monet, vangoghs, degas, sorollas, picassos, etc. ¿Puede extrañar que la UNESCO haya decidido crear un museo más amplio que acoja a estas maravillas modernas?
Por Juan Carlos Carracedo (El Dia.es, 2 de julio de 2007):

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