La exposición ‘Gran premio de la catástrofe’, en el Museo de la Cruz Roja, en Ginebra, invita al público a interrogarse sobre la importancia pero también sobre el exceso de algunas intervenciones. Una pequeña exposición para plantear grandes interrogantes: a veces, algunas palabras e imágenes bastan para interpelar y lanzar una mirada diferente sobre la realidad.
Es lo que muestra el Museo Internacional de la Cruz Roja de Ginebra (MICR) con su primera exposición totalmente dedicada a las catástrofes naturales. Un evento que pone en evidencia la gran carrera contra-reloj de las organizaciones humanitarias para responder con urgencia al desamparo y a las tragedias colectivas que golpean el planeta. La exposición lleva al visitante a seguir el desarrollo ‘natural’ de la tragedia: anuncio de la catástrofe por las radios y las televisiones, llamados a la solidaridad lanzados a la comunidad internacional, aflujo de dones, ayuda urgente prodigada para salvar el mayor número posible de vidas, envío de expertos encargados de evaluar la amplitud del drama y transporte de material sanitario: víveres, tiendas y coberturas. Una carrera desenfrenada que se desarrolla ante nuestros ojos, a intervalos cada vez más reducidos. En 1976, por ejemplo, se registraron 280 catástrofes naturales de una cierta importancia: inundaciones, huracanes, terremotos, derrumbes y erupciones volcánicas. Después, su número subió de manera exponencial. En 2006, pasamos a 850 catástrofes, que costaron la vida a 134 millones de seres humanos. Un fenómeno natural, recuerda el MICR, no es una catástrofe en sí. Lo deviene cuando golpea a una población vulnerable que no dispone de los recursos necesarios para superar la prueba. Necesaria y legítima desde el punto de vista ético y práctico, la intervención humanitaria se convirtió en una especie de ‘Gran premio de la catástrofe’, como permite advertir el título de la exposición. Cada vez más, las organizaciones humanitarias son absorbidas por lo que se podría llamar una competición global que busca aumentar su visibilidad, captar la atención de los medios de comunicación y estimular la generosidad de los donadores. La acción humanitaria se parece a veces a un gran desembarco internacional de medios y de proyectores de la actualidad, relegando las verdaderas necesidades de las víctimas al segundo plano. Cuanto más importante es la cobertura mediática, más afluye el dinero. Pero esta abundancia de medios y de actores movilizados puede también generar problemas de coordinación. Así, la exposición recuerda que el 60% de los medicamentos expedidos a los países de Asia golpeados por el maremoto no correspondía a las necesidades de la población. De esa manera, centenares de toneladas de medicinas debieron ser incineradas: una catástrofe logística e incluso ecológica.

Fuente: Swissinfo.ch

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