Archive for Enero, 2009

El número total de víctimas mortales por desastres naturales en 2008 ascendió a 235.816, frente a un promedio de 66.812 en los últimos 8 años. Las causas principales fueron debidas a la alta mortalidad del ciclón Nargis en Birmania (138.366 muertos) y el terremoto de Sichuan (87.476 muertos).
En cuanto a las pérdidas económicas, los daños también fueron mucho más elevados que el promedio de los últimos años, situándose en 181.000 millones de dólares, debido al impacto severo del terremoto de China (85.000 millones de dólares) y al huracán Ike en Estados Unidos (30.000 dólares).
Este alarmante incremento de pérdidas de vidas y bienes indica una vez más la necesidad de potenciar las medidas de reducción del riesgo ya que la vulnerabilidad social y económica tiende a crecer a pesar, incluso, de que el número de desastres registrados (321) fue menor que el año anterior (416).

Fuente: UN International Strategy for Disaster Reduction

Deaths and economic losses jump in 2008

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Va perdiendo energía la ciclogénesis explosiva que desde ayer noche afecta con dureza a Galicia, a toda la zona cantábrica y a Cataluña. Este tipo de tormenta, cuyos efectos se popularizaron en la película Tormenta perfecta“, ya ha derribado multitud de árboles y tendidos eléctricos, ha levantado tejados y equipamientos urbanos y, lo que es peor, ha provocado pérdidas humanas, entre las que se cuentan varios niños. La perturbación se creó en el Atlántico al confluir una masa de aire cálido subtropical y otra mucho más fría que llegó del norte, según informó ayer la Agencia Estatal de Meteorología. La intensidad de la fuerza del viento en algunos lugares de Cataluña ha superado las previsiones. En el parque eólico de Mediona se han registrado 214 km/hora, y en Bonastre 179 km/ hora.

Una vez más la opinión pública se pregunta si se adoptan suficientes medidas preventivas ante estas situaciones. ¿Qué acciones se deben tomar? Obviamente no podemos modificar la fuerza de la naturaleza, pero si podemos prepararnos mejor y aumentar la resiliencia ante los desastres. Una de las acciones esenciales es informar y educar a la ciudadanía para que adopte precauciones ante los peligros naturales. Es lamentable que después de tantos avisos públicos ante fenómenos extremos todavía no exista suficiente concienciación sobre las medidas de autoprotección que se deben tomar ante los efectos de los peligros naturales. Y más lamentable es que algunas autoridades educativas, como por ejemplo las de la Comunidad de Galicia, hayan eliminado en el curriculo escolar asignaturas como la Geología, privando a los jovenes estudiantes de un aprendizaje necesario sobre el medio y los procesos naturales, entre los que figuran aquellos que originan fenómenos peligrosos extremos.

Urge reclamar a los poderes públicos que mejoren la comunicación a la sociedad en el ámbito de los riesgos naturales, que refuercen las actuaciones educativas sobre las Ciencias de la Tierra para que la sociedad comprenda y adopte prevenciones ante fenómenos relacionados con procesos atmosféricos y geológicos extremos, y para que esté en condiciones de afrontar sus efectos con la sensibilidad y la responsabilidad necesarias. En este sentido, apoyamos desde este blog el manifiesto promovido por la Plataforma Geología Viva (Plataforma gallega para la defensa de la geología en bachillerato), difundido y apoyado desde la Asociación Española para la Enseñanza de las Ciencias de la Tierra (AEPECT), para la defensa de la geología en el bachillerato.

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La Organización Meteorológica Mundial ha difundido un comunicado declarando que el año 2008 ha sido probablemente uno de los 10 años más cálidos de los registros climáticos, desde que éstos empezaron a efectuarse con instrumentos desde 1850, y se ha caracterizado por fenómenos climáticos extremos.

En muchas partes del mundo se han producido inundaciones devastadoras, sequías graves persistentes, temporales de nieve, olas de calor y olas de frío. Destaca, por su gravedad, el ciclón tropical Nargis, que se formó al norde del océano Índico y asoló Myanmar a principios de mayo, causando la muerte de casi 78.000 personas.

En el Atlántico se formaron un total de 16 ciclones tropicales, entre los que se contaron ocho huracanes, cinco de los cuales eran huracanes de gran intensidad, de categoría 3 o superior (siendo la media de 11 ciclones tropicales con nombre, 6 huracanes y 2 huracanes de gran intensidad). En 2008 la temporada de huracanes en el Atlántico fue devastadora pues causó numerosas víctimas y una destrucción generalizada en el Caribe, América Central y los Estados Unidos de América. Por primera vez en la historia seis ciclones tropicales (Dolly, Edouard, Fay, Gustav, Hanna e Ike) llegaron a tierra en los Estados Unidos de forma consecutiva y, también por primera vez en la historia, tres huracanes de gran intensidad (Gustav, Ike y Paloma) asolaron
Cuba.

En el norte de África cayeron lluvias intensas y generalizadas en Argelia y Marruecos durante el período de septiembre a noviembre causando importantes daños en las infraestructuras y varias vícitmes en múltiples lugares. en las provincias del norte de Marruecos se registraron intensidades pluviométricas extremas y se llegaron a alcanzar hasta 200 mm de lluvia en menos de seis horas. Durante el mismo período de anomalías climáticas se registraron también intensas precipitaciones en el sureste de Europa. En Valencia se registró en 24 horas una precipitación total de 390 mm, de los que 144 mm se registraron en menos de una hora. En varios lugares de Francia cayeron fuertes e intensas lluvias del 31 de octubre al 2 de noviembre. En tres días la precipitación total alcanzó los 500 mm en algunos lugares, lo que provocó graves inundaciones y crecidas repentinas, especialmente en la parte central y centro-oriental del país.

También el África subsahariana, y en particular el oeste y el este de África, se vio azotado por intensas mlluvias, que causaron las peores inundaciones jamás registradas en Zimbabwe y afectaron a más de 300.000 personas en el oeste de África durante la estación del monzón.

Las previsiones meteorológicas gastaron ayer una broma pesada a Catalunya y Madrid. Mientras la primera comunidad esperó –con todos los quitanieves a pie de carretera– una intensa nevada que no llegó a producirse, en la capital de España se produjo la situación inversa. Una imprevista tormenta de nieve obligó a cerrar por completo durante casi cinco horas el aeropuerto de Madrid y sembró el caos en las carreteras y calles con más de 400 kilómetros de atascos.
La magnitud del desbarajuste, aumentado por el retraso en la activación de los planes de emergencia, fue aprovechada por el PP para cargar contra el Gobierno, mientras que en un ejercicio de autocrítica poco habitual, la ministra de Fomento, Magdalena Álvarez, admitió que todos los responsables habían fallado, incluida, por supuesto, la comunidad presidida por Esperanza Aguirre. Pasadas las dos de la tarde, la nevada remitió y devolvió poco a poco la calma, aunque en el aeropuerto la reapertura fue gradual y el puente aéreo, por ejemplo, seguía cerrado a las 21.30 de anoche.

BORRASCA DESVIADA
Las autoridades y los madrileños se habían despertado con el alborozo de ver caer algunos copos de nieve que parecían no tener importancia. La noche antes se habían acostado con una previsión de la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) de ligeras precipitaciones de nieve. Pero la borrasca había sufrido un cambio de trayectoria de 50 kilómetros, explicó Ángel Rivera, portavoz de esta entidad.
Lo que hubiera sido una nevada sin importancia en el valle del Ebro pilló a Madrid en la hora punta de entrada al trabajo de un viernes, cuando un millón de vehículos colapsan habitualmente las carreteras de acceso. El caos estaba servido, además, porque las quitanieves y otra maquinaria pesada apenas podían actuar debido a que los coches bloqueaban ya las carreteras. Incluso el AVE con destino Barcelona tuvo que rebajar la velocidad a los 160 kilómetros por hora entre Guadalajara y Calatayud.
Barajas sufrió la misma imprevisión. Abrió a las seis de la mañana “con un parte de nevada débil”, según el secretario general de Transportes, Francisco Palao, y no activó todo el dispositivo hasta que ya era demasiado tarde. Se intentó operar con dos pistas alternativamente mientras se limpiaban las otras dos, pero la nieve corría más que la maquinaria. A las 11.45 horas se decidió cerrar el aeropuerto por dos causas: la baja visibilidad que producía la incesante caída de copos de nieve y el riesgo de hielo en las pistas.
El caos que se produjo en las terminales fue de los que se recuerdan. No menos de 800 vuelos fueron cancelados, con más de 80.000 afectados. Los aviones que iban a Madrid fueron desviados a otras nueve ciudades. En los mostradores de las compañías se vivió lo de siempre: falta de información, largas colas, esperas interminables y nula flexibilidad para reubicar a los viajeros. La situación se agravó, además, por la falta de compensaciones. Las compañías no están obligadas a indemnizar por causas meteorológicas.

AGUIRRE, DE NUEVO
En medio del caos, la presidenta de la comunidad, Esperanza Aguirre, se erigió una vez más en protagonista. Afectada en primera persona al no poder tomar un vuelo previsto a Valencia para entrevistarse con su homólogo Francisco Camps, retornó primero en su coche oficial y luego en Metro hasta la Central de Emergencias 112. Como cuando volvió del atentado de la India, lo primero que hizo fue convocar la prensa, ante la que cargó contra la Aemet: “No era cuestión de poner en marcha las quitanieves a las doce de la noche cuando la previsión era de nevadas débiles. Por eso solo se decretó el estado de preemergencia”, se excusó. Desde su partido se pidió la comparecencia de la titular de Fomento en el Congreso por haber “parado Barajas por cinco centímetros de nieve”.
La ministra estuvo, en cambio, inusualmente autocrítica. “Hemos fallado todos, nosotros la comunidad, el ayuntamiento, el aeropuerto…” Y coincidió con Aguirre en que uno de los factores del caos fue el error en las previsiones.

elPeriodico.com
10-01-2009

MANUEL VILASERÓ / ANTONIO M. YAGÜE
MADRID

AEROPUERTOS cerrados, carreteras cortadas, circulación casi imposible por las calles céntricas… Lo mismo que otras zonas de España, Madrid vivió ayer una jornada muy difícil para el normal desarrollo de la vida ciudadana como consecuencia de una nevada severa, pero que dista mucho de alcanzar el nivel de la «fuerza mayor» que justificaría la exención de la responsabilidad administrativa. En efecto, las administraciones competentes -estatal, autonómica y municipal- no han sabido prever los efectos de un fenómeno atmosférico que no puede calificarse de insólito en pleno mes de enero. Estamos en el siglo XXI y una gran capital europea debe contar con mecanismos más eficaces para hacer frente a este tipo de situaciones. Es preciso disponer de protocolos de actuación y ponerlos en práctica con agilidad y eficacia. Las máquinas quitanieves, la señalización adecuada o la presencia de agentes para auxiliar a los ciudadanos afectados son elementos necesarios para minimizar los efectos de un fenómeno meteorológico que, aunque no sea frecuente en la ciudad de Madrid, tampoco puede considerarse excepcional. Cuando faltan recursos personales y materiales o cuando no se utilizan adecuadamente, los problemas se agravan de tal manera que hay una acumulación de retrasos, la gente queda bloqueada en sus desplazamientos y desaparece la normalidad en la vida laboral y familiar.
El pronóstico meteorológico, más afinado en los últimos años, no es una ciencia exacta. En todo caso, con algunas indecisiones, la Agencia Estatal de Meteorología anticipó la probabilidad de la nevada. La reacción de los poderes públicos ha sido tardía e insuficiente y la capital de España ha demostrado ser una urbe excesivamente vulnerable. Encauzada con buen criterio, una perturbación de estas características no debería producir la parálisis casi general de los transportes y de múltiples actividades productivas. Lo mismo sucede en otras zonas de España, con autovías cortadas, alumnos sin clase y trabajadores que no han podido acceder a sus puestos de trabajo. Es significativo que varios miembros del Consejo de Ministros hayan llegado tarde a la reunión semanal en el Palacio de la Moncloa. Es lógico que los ciudadanos reaccionen con indignación porque los servicios de protección civil no han funcionado con la eficacia exigible. Con carácter general, la información ha sido tardía e insuficiente, si bien -en el extremo contrario- ha incurrido a veces en excesos alarmistas. Los planes para hacer frente a las inclemencias invernales deben ser revisados con rigor y sentido común, pero sobre todo tienen que ser activados a tiempo y mostrar la suficiente flexibilidad para su adaptación a las circunstancias particulares.
Una vez más, el Ministerio de Fomento no ha sabido estar a la altura de las exigencias. De hecho, Barajas ha permanecido cerrado durante cinco horas y Renfe ha sufrido retrasos considerables en casi todas las líneas. No obstante, los reproches entre administraciones no deben ocultar que los ciudadanos no se han sentido suficientemente protegidos. Magdalena Álvarez tendrá de nuevo que dar explicaciones en el Congreso de los Diputados aunque, dados los antecedentes, es fácil imaginar una sesión de control perfectamente inútil, plagada de respuestas imprecisas y de desvaríos dialécticos. En definitiva, mientras algunos políticos echan balones fuera, los técnicos se quejan con razón de la falta de instrucciones precisas y los ciudadanos sufren las consecuencias de la parálisis económica y social. ABC publica hoy el testimonio de muchas personas afectadas por las dificultades de desplazamiento y de acceso a los servicios esenciales. Una sociedad moderna y desarrollada no puede estar sujeta a los avatares del clima. Para evitarlo conviene recordar que la Constitución establece que la administración debe servir con objetividad a los intereses generales y es notorio que, en este caso, han fallado de forma ostensible los mecanismos de coordinación.

Diario ABC. Opinión

Sábado, 10-01-09

DIARIO ELPAIS (Opinión)
La nieve siembra el caos
Las administraciones responsables se acusan mutuamente de imprevisión ante la nevada
10/01/2009

La naturaleza estornuda en Siberia y una ola de frío recorre Europa hasta que llega a Madrid, donde desencadena una monumental nevada. Los meteorólogos afirman que unos vientos de componente este empujaron las nubes hacia el interior y las precipitaciones, en vez de producirse en la mitad oriental peninsular, como estaba previsto, se derramaron fundamentalmente en la zona oriental de Madrid, convirtiendo la ciudad en una sábana blanca. Resultado: colapsos en las carreteras de acceso a la ciudad (con más de 400 kilómetros de atascos) y cierre del aeropuerto de Barajas durante cinco horas. El caos fue generalizado; y el clamor general: imprevisión absoluta. Los responsables políticos de todas las administraciones acudieron puntuales, no para resolver el problema, sino para iniciar un baile de acusaciones.

Tanto Protección Civil como la Agencia Estatal de Meteorología habían puesto en alerta el jueves a distintas comunidades y provincias a propósito de las bajas temperaturas y la amenaza de nevadas que estaban llegando a la península Ibérica desde el Este, y advirtieron incluso a Aeropuertos Españoles y Navegación Aérea (AENA) y a las empresas eléctricas de que se mantuvieran alertas ante cualquier contratiempo. La Comunidad de Madrid recibió el jueves, poco antes de las once de la noche, un aviso de Meteorología con nivel de alerta amarilla. Anunciaba tres centímetros de nieve en la zona metropolitana. Poco antes de las 7.30 de ayer, el aviso ya llevaba el color naranja: siete centímetros. Fue entonces cuando la Comunidad activó el nivel uno de reacción y el Ayuntamiento apretó el botón de alerta roja. Demasiado tarde.

¿Quién tuvo la culpa del desaguisado? La Comunidad de Madrid acusó a Fomento de “imprevisión y falta de medios”. El grupo socialista de la Asamblea de Madrid, al Ejecutivo de Esperanza Aguirre. Poco a poco, todos se enzarzaron en una batalla campal de descalificaciones. Curioso procedimiento en un asunto en el que todas las administraciones -Fomento, Comunidad, Ayuntamiento- han de trabajar coordinadas y donde la responsabilidad de la escasa previsión, peor preparación de medios técnicos y, en todo caso, lentitud pasmosa en la reacción está compartida por todos. Más que insultarse mutuamente, las administraciones deberían revisar sus protocolos de funcionamiento ante emergencias que, aunque previsibles, pueden desbordarse. Y dejar de tirarse bolas de nieve unos a otros como si fueran jóvenes gamberros.