AEROPUERTOS cerrados, carreteras cortadas, circulación casi imposible por las calles céntricas… Lo mismo que otras zonas de España, Madrid vivió ayer una jornada muy difícil para el normal desarrollo de la vida ciudadana como consecuencia de una nevada severa, pero que dista mucho de alcanzar el nivel de la «fuerza mayor» que justificaría la exención de la responsabilidad administrativa. En efecto, las administraciones competentes -estatal, autonómica y municipal- no han sabido prever los efectos de un fenómeno atmosférico que no puede calificarse de insólito en pleno mes de enero. Estamos en el siglo XXI y una gran capital europea debe contar con mecanismos más eficaces para hacer frente a este tipo de situaciones. Es preciso disponer de protocolos de actuación y ponerlos en práctica con agilidad y eficacia. Las máquinas quitanieves, la señalización adecuada o la presencia de agentes para auxiliar a los ciudadanos afectados son elementos necesarios para minimizar los efectos de un fenómeno meteorológico que, aunque no sea frecuente en la ciudad de Madrid, tampoco puede considerarse excepcional. Cuando faltan recursos personales y materiales o cuando no se utilizan adecuadamente, los problemas se agravan de tal manera que hay una acumulación de retrasos, la gente queda bloqueada en sus desplazamientos y desaparece la normalidad en la vida laboral y familiar.
El pronóstico meteorológico, más afinado en los últimos años, no es una ciencia exacta. En todo caso, con algunas indecisiones, la Agencia Estatal de Meteorología anticipó la probabilidad de la nevada. La reacción de los poderes públicos ha sido tardía e insuficiente y la capital de España ha demostrado ser una urbe excesivamente vulnerable. Encauzada con buen criterio, una perturbación de estas características no debería producir la parálisis casi general de los transportes y de múltiples actividades productivas. Lo mismo sucede en otras zonas de España, con autovías cortadas, alumnos sin clase y trabajadores que no han podido acceder a sus puestos de trabajo. Es significativo que varios miembros del Consejo de Ministros hayan llegado tarde a la reunión semanal en el Palacio de la Moncloa. Es lógico que los ciudadanos reaccionen con indignación porque los servicios de protección civil no han funcionado con la eficacia exigible. Con carácter general, la información ha sido tardía e insuficiente, si bien -en el extremo contrario- ha incurrido a veces en excesos alarmistas. Los planes para hacer frente a las inclemencias invernales deben ser revisados con rigor y sentido común, pero sobre todo tienen que ser activados a tiempo y mostrar la suficiente flexibilidad para su adaptación a las circunstancias particulares.
Una vez más, el Ministerio de Fomento no ha sabido estar a la altura de las exigencias. De hecho, Barajas ha permanecido cerrado durante cinco horas y Renfe ha sufrido retrasos considerables en casi todas las líneas. No obstante, los reproches entre administraciones no deben ocultar que los ciudadanos no se han sentido suficientemente protegidos. Magdalena Álvarez tendrá de nuevo que dar explicaciones en el Congreso de los Diputados aunque, dados los antecedentes, es fácil imaginar una sesión de control perfectamente inútil, plagada de respuestas imprecisas y de desvaríos dialécticos. En definitiva, mientras algunos políticos echan balones fuera, los técnicos se quejan con razón de la falta de instrucciones precisas y los ciudadanos sufren las consecuencias de la parálisis económica y social. ABC publica hoy el testimonio de muchas personas afectadas por las dificultades de desplazamiento y de acceso a los servicios esenciales. Una sociedad moderna y desarrollada no puede estar sujeta a los avatares del clima. Para evitarlo conviene recordar que la Constitución establece que la administración debe servir con objetividad a los intereses generales y es notorio que, en este caso, han fallado de forma ostensible los mecanismos de coordinación.

Diario ABC. Opinión

Sábado, 10-01-09

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