El número de pérdida de vidas a consecuencia del terremoto que el pasado 6 de abril afectó a la región de Abruzzos (Italia) alcanzó esta semana la cifra de 294 víctimas sobre una población afectada de unas 70.000 personas.
Las causa de la elevada sismicidad que afecta a la región desde hace más de un mes se debe a la movilización de un conjunto de fallas normales de dirección NW-SE (paralelas a la cordillera de los Apeninos). La falla principal, inactiva en los últimos 100 años, pasa por las inmediaciones de L’Aquila (capital de la región). El terremoto de mayor tamaño ocurrió el lunes 6 de abril a las 3,30 horas, alcanzando una magnitud de 5.8 Richter. Los focos sísmicos son superficiales (entre 10 y 15 km. de profundidad), lo que ha acrecentado los efectos dañinos. En los últimos días la actividad sísmica se ha reducido, desplazándose los focos hacia otras fallas gemelas situadas al norte.
Durante esta crisis lo que mejor ha funcionado ha sido el mecanismo de respuesta de la Protección Civil, consiguiendo en dos días el alojamiento de más de 20.000 afectados y la organización de toda la asistencia logística necesaria. También han resultado muy positivas las labores de búsqueda y localización de víctimas a través de equipos de georadar GPR, así como la solidaridad social, incluyendo las labores de un gran número de ingenieros y geólogos que están inspeccionando todos los edificios, a pesar del riesgo derivado de la constante actividad sísmica y de los efectos locales de amplificación. Otro aspecto positivo ha sido el óptimo conocimiento sobre los fenómenos sísmicos que han producido los daños y su coherencia con la cartografía de riesgo sísmico producida desde 1999.
En el lado negativo se ha puesto de relieve que, aunque existen normas de análisis de riesgo, estudios geológicos obligatorios y reglamentos de diseño sismorresistente en la edificación desde 1980-1996, los centros históricos urbanos siguen sin ser adaptados para que resistan ante un terremoto, sorprendiendo sin embargo que algunos edificios antiguos han resistido mejor de lo que se esperaba. Más regativo aún es que edificios recientes de hormigòn armado como el Hospital de L’Aquila hayan quedado semidestruidos, lo que ha motivado la intervención de la Fiscalía para averiguar posibles responsabilidades.
Adaptar todos los edificios de Italia situados en zonas de riesgo supone una alta inversión y requiere un programa de muchos años de duración. Pero es importante que la población sea informada de la necesidad de adoptar medidas correctoras en los edificios para prevenir nuevos desastres futuros.
Información sobre datos sismicos y localización de las fallas: Instituto Nacional de Geofísica y Vulcanología
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