Archive for the 'Meteorología extrema' Category

Durante la segunda mitad del lunes 16 de agosto de 2010 se desarrollaron fuertes tormentas acompañadas de precipitaciones en algunas zonas de la provincia de Córdoba que alcanzaron carácter torrencial, persistente y muy localizado, como consecuencia de potentes desarrollos de focos convectivos muy organizados y de lento movimiento.

En la localidad de Aguilar de la Frontera se superaron los 200 mm.y en Bujalance 135 mm. Una persona murió al desplomarse un muro en esta última localidad y otras dos fueron arrastradas por una riada en las inmediaciones de la laguna de Zóñar cuando viajaban en un vehículo todoterreno.

Posiblemente la naturaleza de esta tormenta fue similar a la que afectó a Alcañiz el 16 de Agosto de 2003, a Pedro Muñoz el año 2006 y a Alcázar de San Juan en mayo del año 2007.

La Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) ha publicado un informe sobre la situación de lluvias torrenciales que afectó a esta zona, señalando que este episodio probablemente estuvo provocado por una supercélula severa de alta tasa de precipitación, según se desprende del análisis e interpretación de las señales de radar disponibles. Este tipo de estructura nubosa está formada por un único foco convectivo extremadamente organizado (con rotaciones internas) que genera intensidades de precipitación extrema.

El informe de AEMET establece que la predicción de este tipo de fenómenos convectivos es en la actualidad un reto para las actividades operativas, ya que los modelos numéricos de predicción del tiempo disponibles están lejos de poder predecir con la precisión suficiente la localización y el momento de ocurrencia de los mismos.

Estos días pasados, con tantos fenómenos adversos, los meteorólogos han sido el blanco de las críticas de los políticos. Les han dicho que sus previsiones se quedaron cortas, que fueron erróneas cuando aparecieron las nevadas y los vientos. En mi opinión los pronósticos son bastante fiables. Lo que falta es mejorar la comunicación a los ciudadanos y fortalecer la educación en materia de riesgos naturales.

Un artículo de Miguel Ángel Barroso, publicado el 1 de febrero en Domingos de ABC, difundido en la red a través de sur.es, eldiariomontañes.es y lavozdigital.es, recoge interesantes aportaciones de los meteorólogos en este debate.

MIGUEL ÁNGEL BARROSO
Si la borrasca cambió de una forma impredecible no lo pueden predecir. Pero si no lo predicen los que lo tienen que predecir, ¿cómo piensan ustedes que lo vamos a predecir aquellos que estamos esperando la predicción?». El ya mítico trabalenguas de la ministra de Fomento, Magdalena Álvarez, encierra una gran verdad después de ser estudiado minuciosamente: la meteorología es una ciencia inexacta. Si bien los expertos que se ganan la vida con ello no están dispuestos a pagar los platos rotos por la reciente ‘ciclogénesis explosiva’. Rubalcaba ya les lanzó un dardo envenenado tras la nevada que colapsó Madrid el 9 de enero, y con el temporal de viento que sacudió más tarde la Península volvió a acusarles de que sus advertencias «se habían quedado cortas».
Ángel Rivera, que fue jefe de Predicción de la Agencia Estatal de Meteorología y actualmente oficia como portavoz, declara que «estamos dispuestos a que nos hagan una auditoría, porque hemos actuado bien». Lo cierto es que no da abasto. El tiempo siempre es noticia, pero no los meteorólogos, encerrados con sus ordenadores e instrumentos de medición y entretenidos con ecuaciones matemáticas.
En alguna Semana Santa o puente festivo han saltado al candelero, señalados por un indignado sector hotelero que se siente perjudicado por sus augurios; sin embargo, la reacción del ministro del Interior les ha sorprendido. «Semanas de pasión», bromea Rivera, que ha sido testigo de la evolución de esta ciencia desde los tiempos del modelo sinóptico, que se utilizaba cuando Mariano Medina era el referente mediático, hasta la irrupción de los modelos numéricos.
«Antes, el meteorólogo estudiaba las observaciones y establecía los modelos conceptuales de frentes, de borrascas… y elaboraba una sinopsis. A partir de ésta aplicaba sus reglas y hacía un mapa para las siguientes veinticuatro o treinta y seis horas», explica Rivera. «Ahora se trata de realizar simulaciones matemáticas de la naturaleza. Lo primero que se hace es recabar información en todo el mundo. Un satélite no envía fotografías, sino datos. Es preciso asimilar bien ese caudal, porque si un modelo matemático parte de un análisis deficiente, mal asunto. Después de la recogida, el ordenador o bien el experto -hay 120 predictores en España- realizan una serie de estructuras. La verdad es que esta responsabilidad recae cada vez más en las computadoras. Por último, se elaboran las predicciones y se distribuyen a los sistemas de comunicación».
Las televisiones y demás medios reciben los pronósticos de forma continua, aunque cada cual tiene, digamos, «libertad de cátedra». El cómo llega finalmente la información al usuario es algo que obsesiona a Ángel Rivera. «En la época de Mariano Medina las predicciones serían mejores o peores, pero no había muchas dudas; ahora nos están contando una docena de versiones distintas, y hay quien se acoge a la versión menos mala para coger el vehículo y salir de viaje. Salvo TVE, que dedica seis o siete minutos a esta información, el resto de los canales sintetiza demasiado».
Mario Picazo, el ‘hombre del tiempo’ más popular de Telecinco, cree que la meteorología «no es noticia los 365 días del año, pero sí la mitad, y en situaciones extraordinarias sería bueno contar con miniespacios, como cuando se produce alguna noticia de alcance y se ofrecen avances informativos. La reacción del público le provoca no pocas reflexiones. «El tiempo tiene un tirón impresionante en las curvas de audiencia. A veces la gente percibe que somos demasiado sensacionalistas y que la cosa no es para tanto, de modo que la información acaba desvirtuándose. Reconoce sentir una cierta presión psicológica cuando llegan las vacaciones de Semana Santa. «Algunas comunidades son muy sensibles a causa del turismo. Tampoco decimos a los ciudadanos ‘no se les ocurra ir hacia allí’, sino que sean precavidos».
A Roberto Brasero, de Antena 3, le preocupa que le tomen en serio. «De entrada contamos con un espacio reducido y tengo la impresión de que sonamos a runrún de fondo a la hora de la siesta. Brasero destaca las dificultades para dar más minutos a la meteorología en las cadenas generalistas. «Casi me doy con un canto en los dientes con lo que tengo. ¿Presión? Hombre, a veces fastidias a la hostelería, pero favoreces al público, que es a quien nos debemos». Sobre las acusaciones de «cortedad» vertidas por Rubalcaba cree que «lo fácil para un comunicador del tiempo es pasarse. No habría que criticar, sino felicitar a quien con suficiente antelación alertó de un fenómeno extremo inusual y virulento, la ciclogénesis explosiva»
Otro aspecto en el que se debe profundizar es por qué se sale a la calle o a la carretera desoyendo las recomendaciones. Habría que involucrar a los sociólogos en esto. ¿Qué entienden los ciudadanos?, ¿cómo reaccionan ante los avisos? Antes se quedaban en casa; ahora confían en su suerte, en la calidad de sus vehículos o, directamente, desconfían de la información que les proporcionamos. No hay educación sobre la vulnerabilidad ante los fenómenos meteorológicos. Los programas divulgativos han desaparecido de la parrilla, precisamente ahora que contamos con más herramientas para hacerlos rigurosos y atractivos.

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La ola máxima del temporal del pasado 24 de enero, registrada por el Instituto Español de Oceanografía (IEO) al norte de Santander, fue de 26,13 metros, una altura equivalente a un edificio de 7 plantas, según recoge una nota de prensa del citado instituto. La oceanógrafo del IEO Alicia Lavin, indicó a EFE que “es un dato muy sorprendente ya que no había registros tan altos desde que se iniciaron estas mediciones en 1996″, añadiendo que “para ser aguas españolas es una altura muy importante” y que esto podría cambiar los “márgenes de resistencia de las construcciones” que se estén levantando o proyectando.

El temporal del pasado día 24 no sólo batió el récord de altura de una ola en la costa española, sino también el registro histórico de “olas significantes”, un parámetro oceanográfico que se obtiene de la media del tercio de las olas más altas registradas durante un periodo concreto, generalmente media hora. El oleaje se produjo en unas condiciones meteorológicas de 980 milibares de presión atmosférica y vientos sostenidos de 84 kilómetros por hora.

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Va perdiendo energía la ciclogénesis explosiva que desde ayer noche afecta con dureza a Galicia, a toda la zona cantábrica y a Cataluña. Este tipo de tormenta, cuyos efectos se popularizaron en la película Tormenta perfecta“, ya ha derribado multitud de árboles y tendidos eléctricos, ha levantado tejados y equipamientos urbanos y, lo que es peor, ha provocado pérdidas humanas, entre las que se cuentan varios niños. La perturbación se creó en el Atlántico al confluir una masa de aire cálido subtropical y otra mucho más fría que llegó del norte, según informó ayer la Agencia Estatal de Meteorología. La intensidad de la fuerza del viento en algunos lugares de Cataluña ha superado las previsiones. En el parque eólico de Mediona se han registrado 214 km/hora, y en Bonastre 179 km/ hora.

Una vez más la opinión pública se pregunta si se adoptan suficientes medidas preventivas ante estas situaciones. ¿Qué acciones se deben tomar? Obviamente no podemos modificar la fuerza de la naturaleza, pero si podemos prepararnos mejor y aumentar la resiliencia ante los desastres. Una de las acciones esenciales es informar y educar a la ciudadanía para que adopte precauciones ante los peligros naturales. Es lamentable que después de tantos avisos públicos ante fenómenos extremos todavía no exista suficiente concienciación sobre las medidas de autoprotección que se deben tomar ante los efectos de los peligros naturales. Y más lamentable es que algunas autoridades educativas, como por ejemplo las de la Comunidad de Galicia, hayan eliminado en el curriculo escolar asignaturas como la Geología, privando a los jovenes estudiantes de un aprendizaje necesario sobre el medio y los procesos naturales, entre los que figuran aquellos que originan fenómenos peligrosos extremos.

Urge reclamar a los poderes públicos que mejoren la comunicación a la sociedad en el ámbito de los riesgos naturales, que refuercen las actuaciones educativas sobre las Ciencias de la Tierra para que la sociedad comprenda y adopte prevenciones ante fenómenos relacionados con procesos atmosféricos y geológicos extremos, y para que esté en condiciones de afrontar sus efectos con la sensibilidad y la responsabilidad necesarias. En este sentido, apoyamos desde este blog el manifiesto promovido por la Plataforma Geología Viva (Plataforma gallega para la defensa de la geología en bachillerato), difundido y apoyado desde la Asociación Española para la Enseñanza de las Ciencias de la Tierra (AEPECT), para la defensa de la geología en el bachillerato.

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La Organización Meteorológica Mundial ha difundido un comunicado declarando que el año 2008 ha sido probablemente uno de los 10 años más cálidos de los registros climáticos, desde que éstos empezaron a efectuarse con instrumentos desde 1850, y se ha caracterizado por fenómenos climáticos extremos.

En muchas partes del mundo se han producido inundaciones devastadoras, sequías graves persistentes, temporales de nieve, olas de calor y olas de frío. Destaca, por su gravedad, el ciclón tropical Nargis, que se formó al norde del océano Índico y asoló Myanmar a principios de mayo, causando la muerte de casi 78.000 personas.

En el Atlántico se formaron un total de 16 ciclones tropicales, entre los que se contaron ocho huracanes, cinco de los cuales eran huracanes de gran intensidad, de categoría 3 o superior (siendo la media de 11 ciclones tropicales con nombre, 6 huracanes y 2 huracanes de gran intensidad). En 2008 la temporada de huracanes en el Atlántico fue devastadora pues causó numerosas víctimas y una destrucción generalizada en el Caribe, América Central y los Estados Unidos de América. Por primera vez en la historia seis ciclones tropicales (Dolly, Edouard, Fay, Gustav, Hanna e Ike) llegaron a tierra en los Estados Unidos de forma consecutiva y, también por primera vez en la historia, tres huracanes de gran intensidad (Gustav, Ike y Paloma) asolaron
Cuba.

En el norte de África cayeron lluvias intensas y generalizadas en Argelia y Marruecos durante el período de septiembre a noviembre causando importantes daños en las infraestructuras y varias vícitmes en múltiples lugares. en las provincias del norte de Marruecos se registraron intensidades pluviométricas extremas y se llegaron a alcanzar hasta 200 mm de lluvia en menos de seis horas. Durante el mismo período de anomalías climáticas se registraron también intensas precipitaciones en el sureste de Europa. En Valencia se registró en 24 horas una precipitación total de 390 mm, de los que 144 mm se registraron en menos de una hora. En varios lugares de Francia cayeron fuertes e intensas lluvias del 31 de octubre al 2 de noviembre. En tres días la precipitación total alcanzó los 500 mm en algunos lugares, lo que provocó graves inundaciones y crecidas repentinas, especialmente en la parte central y centro-oriental del país.

También el África subsahariana, y en particular el oeste y el este de África, se vio azotado por intensas mlluvias, que causaron las peores inundaciones jamás registradas en Zimbabwe y afectaron a más de 300.000 personas en el oeste de África durante la estación del monzón.

Las previsiones meteorológicas gastaron ayer una broma pesada a Catalunya y Madrid. Mientras la primera comunidad esperó –con todos los quitanieves a pie de carretera– una intensa nevada que no llegó a producirse, en la capital de España se produjo la situación inversa. Una imprevista tormenta de nieve obligó a cerrar por completo durante casi cinco horas el aeropuerto de Madrid y sembró el caos en las carreteras y calles con más de 400 kilómetros de atascos.
La magnitud del desbarajuste, aumentado por el retraso en la activación de los planes de emergencia, fue aprovechada por el PP para cargar contra el Gobierno, mientras que en un ejercicio de autocrítica poco habitual, la ministra de Fomento, Magdalena Álvarez, admitió que todos los responsables habían fallado, incluida, por supuesto, la comunidad presidida por Esperanza Aguirre. Pasadas las dos de la tarde, la nevada remitió y devolvió poco a poco la calma, aunque en el aeropuerto la reapertura fue gradual y el puente aéreo, por ejemplo, seguía cerrado a las 21.30 de anoche.

BORRASCA DESVIADA
Las autoridades y los madrileños se habían despertado con el alborozo de ver caer algunos copos de nieve que parecían no tener importancia. La noche antes se habían acostado con una previsión de la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) de ligeras precipitaciones de nieve. Pero la borrasca había sufrido un cambio de trayectoria de 50 kilómetros, explicó Ángel Rivera, portavoz de esta entidad.
Lo que hubiera sido una nevada sin importancia en el valle del Ebro pilló a Madrid en la hora punta de entrada al trabajo de un viernes, cuando un millón de vehículos colapsan habitualmente las carreteras de acceso. El caos estaba servido, además, porque las quitanieves y otra maquinaria pesada apenas podían actuar debido a que los coches bloqueaban ya las carreteras. Incluso el AVE con destino Barcelona tuvo que rebajar la velocidad a los 160 kilómetros por hora entre Guadalajara y Calatayud.
Barajas sufrió la misma imprevisión. Abrió a las seis de la mañana “con un parte de nevada débil”, según el secretario general de Transportes, Francisco Palao, y no activó todo el dispositivo hasta que ya era demasiado tarde. Se intentó operar con dos pistas alternativamente mientras se limpiaban las otras dos, pero la nieve corría más que la maquinaria. A las 11.45 horas se decidió cerrar el aeropuerto por dos causas: la baja visibilidad que producía la incesante caída de copos de nieve y el riesgo de hielo en las pistas.
El caos que se produjo en las terminales fue de los que se recuerdan. No menos de 800 vuelos fueron cancelados, con más de 80.000 afectados. Los aviones que iban a Madrid fueron desviados a otras nueve ciudades. En los mostradores de las compañías se vivió lo de siempre: falta de información, largas colas, esperas interminables y nula flexibilidad para reubicar a los viajeros. La situación se agravó, además, por la falta de compensaciones. Las compañías no están obligadas a indemnizar por causas meteorológicas.

AGUIRRE, DE NUEVO
En medio del caos, la presidenta de la comunidad, Esperanza Aguirre, se erigió una vez más en protagonista. Afectada en primera persona al no poder tomar un vuelo previsto a Valencia para entrevistarse con su homólogo Francisco Camps, retornó primero en su coche oficial y luego en Metro hasta la Central de Emergencias 112. Como cuando volvió del atentado de la India, lo primero que hizo fue convocar la prensa, ante la que cargó contra la Aemet: “No era cuestión de poner en marcha las quitanieves a las doce de la noche cuando la previsión era de nevadas débiles. Por eso solo se decretó el estado de preemergencia”, se excusó. Desde su partido se pidió la comparecencia de la titular de Fomento en el Congreso por haber “parado Barajas por cinco centímetros de nieve”.
La ministra estuvo, en cambio, inusualmente autocrítica. “Hemos fallado todos, nosotros la comunidad, el ayuntamiento, el aeropuerto…” Y coincidió con Aguirre en que uno de los factores del caos fue el error en las previsiones.

elPeriodico.com
10-01-2009

MANUEL VILASERÓ / ANTONIO M. YAGÜE
MADRID

AEROPUERTOS cerrados, carreteras cortadas, circulación casi imposible por las calles céntricas… Lo mismo que otras zonas de España, Madrid vivió ayer una jornada muy difícil para el normal desarrollo de la vida ciudadana como consecuencia de una nevada severa, pero que dista mucho de alcanzar el nivel de la «fuerza mayor» que justificaría la exención de la responsabilidad administrativa. En efecto, las administraciones competentes -estatal, autonómica y municipal- no han sabido prever los efectos de un fenómeno atmosférico que no puede calificarse de insólito en pleno mes de enero. Estamos en el siglo XXI y una gran capital europea debe contar con mecanismos más eficaces para hacer frente a este tipo de situaciones. Es preciso disponer de protocolos de actuación y ponerlos en práctica con agilidad y eficacia. Las máquinas quitanieves, la señalización adecuada o la presencia de agentes para auxiliar a los ciudadanos afectados son elementos necesarios para minimizar los efectos de un fenómeno meteorológico que, aunque no sea frecuente en la ciudad de Madrid, tampoco puede considerarse excepcional. Cuando faltan recursos personales y materiales o cuando no se utilizan adecuadamente, los problemas se agravan de tal manera que hay una acumulación de retrasos, la gente queda bloqueada en sus desplazamientos y desaparece la normalidad en la vida laboral y familiar.
El pronóstico meteorológico, más afinado en los últimos años, no es una ciencia exacta. En todo caso, con algunas indecisiones, la Agencia Estatal de Meteorología anticipó la probabilidad de la nevada. La reacción de los poderes públicos ha sido tardía e insuficiente y la capital de España ha demostrado ser una urbe excesivamente vulnerable. Encauzada con buen criterio, una perturbación de estas características no debería producir la parálisis casi general de los transportes y de múltiples actividades productivas. Lo mismo sucede en otras zonas de España, con autovías cortadas, alumnos sin clase y trabajadores que no han podido acceder a sus puestos de trabajo. Es significativo que varios miembros del Consejo de Ministros hayan llegado tarde a la reunión semanal en el Palacio de la Moncloa. Es lógico que los ciudadanos reaccionen con indignación porque los servicios de protección civil no han funcionado con la eficacia exigible. Con carácter general, la información ha sido tardía e insuficiente, si bien -en el extremo contrario- ha incurrido a veces en excesos alarmistas. Los planes para hacer frente a las inclemencias invernales deben ser revisados con rigor y sentido común, pero sobre todo tienen que ser activados a tiempo y mostrar la suficiente flexibilidad para su adaptación a las circunstancias particulares.
Una vez más, el Ministerio de Fomento no ha sabido estar a la altura de las exigencias. De hecho, Barajas ha permanecido cerrado durante cinco horas y Renfe ha sufrido retrasos considerables en casi todas las líneas. No obstante, los reproches entre administraciones no deben ocultar que los ciudadanos no se han sentido suficientemente protegidos. Magdalena Álvarez tendrá de nuevo que dar explicaciones en el Congreso de los Diputados aunque, dados los antecedentes, es fácil imaginar una sesión de control perfectamente inútil, plagada de respuestas imprecisas y de desvaríos dialécticos. En definitiva, mientras algunos políticos echan balones fuera, los técnicos se quejan con razón de la falta de instrucciones precisas y los ciudadanos sufren las consecuencias de la parálisis económica y social. ABC publica hoy el testimonio de muchas personas afectadas por las dificultades de desplazamiento y de acceso a los servicios esenciales. Una sociedad moderna y desarrollada no puede estar sujeta a los avatares del clima. Para evitarlo conviene recordar que la Constitución establece que la administración debe servir con objetividad a los intereses generales y es notorio que, en este caso, han fallado de forma ostensible los mecanismos de coordinación.

Diario ABC. Opinión

Sábado, 10-01-09

DIARIO ELPAIS (Opinión)
La nieve siembra el caos
Las administraciones responsables se acusan mutuamente de imprevisión ante la nevada
10/01/2009

La naturaleza estornuda en Siberia y una ola de frío recorre Europa hasta que llega a Madrid, donde desencadena una monumental nevada. Los meteorólogos afirman que unos vientos de componente este empujaron las nubes hacia el interior y las precipitaciones, en vez de producirse en la mitad oriental peninsular, como estaba previsto, se derramaron fundamentalmente en la zona oriental de Madrid, convirtiendo la ciudad en una sábana blanca. Resultado: colapsos en las carreteras de acceso a la ciudad (con más de 400 kilómetros de atascos) y cierre del aeropuerto de Barajas durante cinco horas. El caos fue generalizado; y el clamor general: imprevisión absoluta. Los responsables políticos de todas las administraciones acudieron puntuales, no para resolver el problema, sino para iniciar un baile de acusaciones.

Tanto Protección Civil como la Agencia Estatal de Meteorología habían puesto en alerta el jueves a distintas comunidades y provincias a propósito de las bajas temperaturas y la amenaza de nevadas que estaban llegando a la península Ibérica desde el Este, y advirtieron incluso a Aeropuertos Españoles y Navegación Aérea (AENA) y a las empresas eléctricas de que se mantuvieran alertas ante cualquier contratiempo. La Comunidad de Madrid recibió el jueves, poco antes de las once de la noche, un aviso de Meteorología con nivel de alerta amarilla. Anunciaba tres centímetros de nieve en la zona metropolitana. Poco antes de las 7.30 de ayer, el aviso ya llevaba el color naranja: siete centímetros. Fue entonces cuando la Comunidad activó el nivel uno de reacción y el Ayuntamiento apretó el botón de alerta roja. Demasiado tarde.

¿Quién tuvo la culpa del desaguisado? La Comunidad de Madrid acusó a Fomento de “imprevisión y falta de medios”. El grupo socialista de la Asamblea de Madrid, al Ejecutivo de Esperanza Aguirre. Poco a poco, todos se enzarzaron en una batalla campal de descalificaciones. Curioso procedimiento en un asunto en el que todas las administraciones -Fomento, Comunidad, Ayuntamiento- han de trabajar coordinadas y donde la responsabilidad de la escasa previsión, peor preparación de medios técnicos y, en todo caso, lentitud pasmosa en la reacción está compartida por todos. Más que insultarse mutuamente, las administraciones deberían revisar sus protocolos de funcionamiento ante emergencias que, aunque previsibles, pueden desbordarse. Y dejar de tirarse bolas de nieve unos a otros como si fueran jóvenes gamberros.

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Efectos de un pequeño tornado en Reus. Foto: Eduard, en: cazatormentas.net

La noche de pasado 2 de noviembre favoreció la formación de potentes tormentas que afectaron a distintos puntos del litoral catalán. En Reus, la tormenta arrancó árboles y tejados, lo que hace pensar en la posible formación de una manga marina o cap de fibló. El viento subió de golpe para marcar una racha de 112,6 km/h, mientras que la presión bajaba de golpe casi 5 milibares, según datos recogidos por el meteorólogo aficionado Eduard y publicados en cazatormentas.net. Un dato espectacular.

En Salou también se registraron grandes destrozos a causa del temporal de lluvia y viento, con centenares de árboles arrancados y numerosos daños por inundación.

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Andrew Revkin, en un artículo publicado el 11 de mayo en The New York Times, advierte que los deltas son zonas de desastre en espera. Desde el Mekong hasta el Mississippi, los deltas han sido asentamientos muy atractivos para la población que vive junto al mar, pero con enclaves muy vulnerables a las inundaciones asociados con tormentas y huracanes.
Revkin, describe cinco razones por las cuales las tormentas son especialmente mortíferas en los deltas:
1) CRECIMIENTO DE LA POBLACIÓN. Los asentamientos a ras de suelo son vulnerables a las inundaciones
2) PAISAJES EFÍMEROS. La naturaleza y las acciones antrópicas modifican la morfología de los deltas.
3) PÉRDIDA DE VEGETACIÓN. Los manglares de los deltas, degradados por la actividad agrícola, la acuicultura y la construcción provoca la pérdida del suelo que amortigua las crecidas.
4) ESCASA RESISTENCIA A LAS CRECIDAS. Las escasa profundidad del lecho marino donde los deltas se funden con el océano ofrece menos resistencia a las crecidas.
5) ASCENSO DEL NIVEL DEL MAR. El terreno joven e inundado tiende a hundirse más que las tierras vecinas. El calentamiento global también puede contribuir a la elevación del nivel del mar y el aumento de las tormentas tropicales.

Five Reasons Storms at Deltas Are Especially Deadly