Levante-emv.com. Que la ejecución de las obras contra inundaciones no está en la agenda política valenciana parece más que evidente. En la Comunitat existen 299 municipios con riesgo de inundaciones, 48 de ellos con riesgo alto y 88 con riesgo medio, y pese a ello, las actuaciones necesarias para evitar las cíclicas catástrofes que provoca la meteorología en esta parte de la geografía mediterránea, se desarrollan a un ritmo que, como mínimo, es susceptible de mejora. Hoy se cumple un año de la tragedia que vivieron varios municipios de la Marina Alta con el desbordamiento del río Girona. Doce meses después, el panorama es desalentador, con un sinfín de actuaciones pendientes y sin fecha de ejecución. Y si la situación en el Girona es preocupante, en el Xúquer lo es, si cabe, un poco más. Ocho años después de la presentación del plan contra avenidas del río por parte de los entonces ministro de Medio Ambiente y presidente de la Generalitat, Jaume Matas y Eduardo Zaplana, respectivamente, siguen sin ejecutarse las principales obras previstas en el ambicioso proyecto. En la lucha contra el riesgo de inundaciones en la Comunitat Valenciana se hace necesario un radical cambio de rumbo. Mientras el Consell sólo ha puesto en marcha siete de las 85 obras contempladas en el Plan de Acción Territorial del Riesgo de Inundaciones (Patricova), aprobado en 2003, desde ese mismo año, ha autorizado un total de 107 actuaciones urbanísticas en zonas inundables. Y, evidentemente, ese no parece ser el camino más adecuado.
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Actualmente, alrededor del 4% de la población mundial (280 millones de personas) viven en megaciudades. Según estimaciones de Naciones Unidas, esa cifra crecerá hasta alcanzar 350 millones en 2015.
Las megaciudades, caracterizadas por una concentración extrema de habitantes (más de 10 millones), son estructuras complejas, que presentan multitud de oportunidades pero también son espacios donde los riesgos pueden exacerbarse, especialmente los vinculados con el aumento del tráfico, la criminalidad, la contaminación y los desastres naturales.
Las megaciudades requieren, en muchas ocasiones, la creación de infraestructuras elevadas, que son muy susceptiles de sufrir daños por terremotos. También se observa una creciente expansión de los espacios subterráneos, en donde el agua procedente de precipitaciones extremas puede concentrarse, y provocar inundaciones cuando las infraestructuras de evacuación son insuficientes o se ignoran los riesgos inducidos por la creación de otras infraestructuras.
Otros riesgos naturales, como el hundimiento del terreno por sobreexplotación de acuíferos en sedimentos no consolidados, también pueden afectar severamente a los edificios e infraestructuras auxiliares.
La vulnerabilidad oculta de las megaciudades representa uno de los mayores desafíos de este siglo, que requiere una valoración coordinada entre urbanistas, arquitectos, especialistas en riesgos, y expertos de la industria aseguradora.
Existen 65 megaciudades en el mundo, la más grande es Tokio, con 33 millones de habitantes, seguida de Seul, Ciudad de Mexico y Nueva York. En España, ninguna de las grandes ciudades alcanza la categoría de megaciudad, pero el crecimiento de ciudades como Madrid, Barcelona, Valencia y Bilbao, apunta a que estas grandes áreas metropolitanas compartirán en los próximos años los desafíos de las megaciudades.
Enlaces de interés:
Jorge Olcina: Este nuevo siglo será el de las megaciudades
Münchener Rück: Megaciudades - Megarriesgos. Tendencias y Desafíos para la industria aseguradora
En el diario El País se publicó el pasado día 7 un artículo de opinión sobre las repercusiones del ciclón que ha arrasado el sur de Myanmar, señalando que “las catástrofes naturales son lógicamente imprevisibles, pero las autoridades de un país pueden hacer bastante más de lo que la Junta Militar birmana hizo antes de que se desataran los vientos huracanados …”.
Es cierto que las autoridades birmanas podían haber hecho bastante más, habiendo quedado en evidencia la falta de un sistema de alerta temprana y la necesidad de medidas eficaces para facilitar la asistencia inmediata a los supervivientes. Sin embargo, muchos profesionales de las ciencias de la tierra tampoco nos conformarnos con la idea de que las catástrofes naturales sean lógicamente imprevisibles, ya que ello implicaría atribuir a la naturaleza una responsabilidad primordial en el origen de estas tragedias.
Sabemos que en la naturaleza se producen fenómenos muy energéticos (ciclones, terremotos, tsunamis, deslizamientos, etc.), pero las catástrofes resultantes aparecen como resultado de la interacción entre estos procesos y muchas vulnerabilidades que son de origen humano. Es decir, las catástrofes no sólo están asociadas a peligros naturales, sino a la pobreza, a la degradación ambiental, a la falta de ordenación del medio físico e, incluso, a la ausencia de democracia, como se ha demostrado en Myanmar, ante determinadas actitudes obstrucionistas de las autoridades para facilitar información y permitir la ayuda humanitaria.
Es probable que el impacto del ciclón Nargis hubiera sido menor previniendo la degradación que se produce en muchos sistemas deltaicos por la puesta en cultivo de los manglares, o evitando el uso de viviendas de madera, sin protección, a pocos metros del nivel del mar. Estos factores son los que condicionan muchas catástrofes calificadas erróneamente como “naturales”.
Las catástrofes naturales no son lógicamente imprevisibles, como a veces dicen los medios de comunicación, pero para evitarlas se requiere la voluntad de asumir una nueva cultura del territorio, hoy inexistente, en donde el hombre y el medio físico aprendan a coexistir en armonía.
02 de junio de 2005 REVISTA CONSUMER
Antonio Cendrero es Doctor en Ciencias Geológicas y Académico Numerario de la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales. En la actualidad trabaja en la Universidad de Cantabria como Catedrático de Geodinámica. En 2003 fue miembro del Comité Científico Asesor del Ministerio de Medio Ambiente y ha participado en numerosas investigaciones internacionales. Recientemente, en un ciclo de conferencias de divulgación de la ciencia explicaba cómo se trabaja para determinar los riesgos de un posible desastre natural y la manera de prevenirlos y hacer frente a los daños. Cendrero denuncia que a pesar de los avances científicos y el desarrollo económico, los daños ocasionados por catástrofes naturales han aumentado espectacularmente en los últimos años, debido en gran parte a una mala gestión de las capacidades de prevención y de intervención.
¿Qué zonas del planeta son las que sufren más datos debidos a desastres naturales?
Los daños causados por desastres naturales afectan a todo el mundo, pero sobre todo a los países más
pobres, que son los que menos medidas pueden poner para evitarlos y para recuperarse. Para hacer frente
a un desastre, el grado de desarrollo económico es vital. Los países más ricos son los que más daños
económicos sufren en cifras absolutas, porque evidentemente son los que más bienes poseen. Pero esos
daños representan una proporción mucho más pequeña de su producto bruto y, además, cuentan con un
grado de preparación que hace que puedan recuperarse mejor. (more…)
Utilidad de las Ciencias de la Tierra para resolver los retos del cambio climático y de los riesgos naturales
Posted by: joselg, in OpinionesJosé Pedro Calvo Sorando, Director del Instituto Geológico y MInero de España y Presidente Ejecutivo del Comíté Nacional Español del Año Internacional del Planeta Tierra, escribe un artículo en el diario El País, en donde destaca que “según avanza el siglo XXI, la sociedad se enfrenta a uno de sus mayores retos, el cambio climático; a lo largo de su historia, el clima en nuestro planeta ha variado sin cesar y los científicos que estudian la Tierra conocen bien cómo estos cambios han quedado registrados en las rocas, en el hielo de los polos o en los sedimentos de los fondos marinos, lagos e interior de las cuevas”. Calvo Sorondo también señala que el conocimiento del cambio de los climas del pasado proporciona claves para entender el clima del futoro, y advierte que “temas de actualidad, ligados en parte al cambio en el clima de la Tierra, son los desastres naturales, en particular inundaciones y sequías, que, desde antiguo, tienen una incidencia econòmica y humana importante en España”. A estos tipos de desastres se añaden otros derivados del hecho de que la Tierra es un planeta activo y en muchas zonas esta actividad se manifiesta violentamente en forma de terremotos, tsunamis, erupciones volcánicas, deslizamientos y hundimientos del terreno.
La geología vive un momento de expansión al amparo de la puesta en marcha del Código Técnico de Edificación (CTE). La regulación de la construcción y la búsqueda de sistemas más eficientes y previsores de catástrofes están dinamizando a unos profesionales hasta hace poco castigados con un segundo plano.
La nueva legislación obliga a que las construcciones cuenten con estudios geotécnicos que avalen la calidad de la estructura y ello ha multiplicado el volumen de trabajo del colectivo. “Vivimos una avalancha de visados inaudita. Ayer mismo contabilizamos diez días de retraso cuando antes estábamos al día”, explicó ayer el vicepresidente del Ilustre Colegio Oficial de Geólogos (ICOG), José Luis Barrera, durante un encuentro de algunos de los colegiados gallegos con el delegado en la comunidad, Jesús Gómez Bestei- ro, al frente.
El colegio ha visado en Galicia hasta el 30 de noviembre un total de 861 proyectos, duplicando ya la cantidad del año pasado. “En Cataluña ya se triplica el volumen de trabajo”, recordó Barrera, quien agradeció a la ex ministra de Vivienda, Antonia Trujillo, haber otorgado esta responsabilidad a estos profesionales.
El sector aguarda impaciente otro nuevo impulso, esta vez en el campo regulativo. El Ministerio de Educación, siguiendo las directrices comunitarias, considerará a los geólogos una profesión regulada, lo que permitirá definir las atribuciones profesionales con que contará. “Las facultades también deberán tenerlo en cuenta en sus planes de estudio, que van a tener que adaptarse a la demanda del mercado”, señaló Barrera.
Finalmente, el vicepresidente de los geólogos hizo un llamamiento para tratar de acercar a sus colegas a la sociedad y evitar que su presencia se reduzca a la explicación de catástrofes, como terremotos, hundimientos o deslizamientos de tierras. “La sociedad tiene que conocernos antes de que ocurran los desastres”, declaró Barrera en el Instituto de Xeoloxía de A Coruña.
Fuente: El Correo Gallego.es
El catedrático de la Universidad de Alicante Jorge Olcina advierte de la necesidad de que se paralice la aprobación de planes urbanísticos que no incluyan mapas de riesgo
Posted by: joselg, in OpinionesEn una entrevista publicada en el portal de internet consumer.es el pasado día 7 de noviembre, el catedrático de Análisis Geográfico de la Universidad de Alicante Jorge Olcina explica por qué las últimas riadas en Valencia y Mallorca han sido tan devastadoras, e insta a las Administraciones para que exijan el cumplimiento de las leyes relacionadas con el urbanismo y la ordenación del territorio, señalando que es absolutamente necesario que se paralice y se impida la aprobación de planes urbanísticos que no incluyan estudios detallados del medio físico y mapas de riesgo.
Aunque la palabra resiliencia no es reconocida por la Real Academia Española, su uso es cada vez más común en la literatura especializada en gestión de desastres. Se entiende por resiliencia la capacidad de reaccionar con efectividad y rapidez a los efectos de los desastres. Ello no implica un mayor control de la vulnerabilidad, ya que una sociedad puede tener poca vulnerabilidad y gran capacidad de resiliencia para enfrentarse a los riesgos conocidos y previstos; sin embargo, puede ser muy vulnerable para enfrentarse a nuevos riesgos o a riesgos que son parte intrínseca de su estilo de vida. Para conceptualizar y medir el concepto de resiliencia, los especialistas en riesgos naturales Kathleen Tierney (Natural Hazard Research Center) y Michel Bruneau (Multidisciplinary Center for Earthquake Engineering Research), han escrito un articulo titulado “Conceptualizing and Measuring Resilience. A Key to Disaster Loss Reduction” , en donde exploran los componentes y dimensiones de la resiliencia y sus implicaciones para la respuesta ante desastres. La resiliencia, de acuerdo con estos autores, puede ser medida mediante el funcionamiento de un sistema de infraestructuras después del desastres y también por el tiempo que tarda un sistema en volver a sus niveles de origen.
“Qué diferencia si, en vez de creyentes, nos consideraran ciudadanos …”
Posted by: joselg, in Opiniones“Qué diferencia si, en vez de creyentes, nos consideraran ciudadanos”, escribía Elvira Lindo en un artículo publicado en El País, el pasado 31 de octubre, a propósito de los socavones del AVE en Barcelona. Y añadía:
“Lo pienso mientras escucho en la radio a un geólogo: ¡Rara maravilla ésta de oír a un individuo que sabe de lo que habla! Un tipo con oficio que manifiesta, por ejemplo, su extrañeza por el hecho de que no se tomaran más precauciones en un terreno que se sabía problemático. Pero el milagro dura dos escasos minutos. Seguidamente, el locutor nos informa sobre cómo, según las encuestas, el asunto influye en nuestra intención de voto. Bueno es saberlo”.
Las mediciones en los riesgos naturales, por José Luis Barrera
Posted by: joselg, in OpinionesArtículo de José Luis Barrera Morate, publicado en la Revista del Colegio Oficial de Físicos “Física y Sociedad”, núm. 17:
La preocupación por medir los riesgos naturales es muy antigua. Hace 2.000 años, los chinos inventaron un primer sismógrafo que les indicaba la dirección en que llegaban las ondas y la fuerza del seismo. Hoy en día, es necesario cuantificar los riesgos naturales para que las autoridades planifiquen y movilicen recursos para reducirlos, y eso es lo que hacen los geólogos, físicos y demás científicos. En últimos cien años se han desarrollado instrumentos de medida para evaluar y cuantificar estos riesgos y, para lo tiempos anteriores, contamos con dos fuentes de información para calcular la magnitud de la catástrofe: las señales físicas en el terreno y las fuentes históricas administrativas.


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