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El diario publico.es reveló ayer que España esconde decenas de fallas activas, capaces de provocar terremotos destructivos, pero esta información no está convenientemente recogida en el mapa de peligrosidad sísmica, que solo dispone de datos obtenidos con sismógrafos en los últimos 100 años, y con el testimonio subjetivo de los historiadores en los últimos siglos, aunque este registro es incompleto debido a la destrucción de bibliotecas en la época de la Reconquista.

En el citado artículo también se recogen declaraciones del investigador del IGME Miguel Ángel Rodríguez Pascua. En relación con la ausencia de peligrosidad en las dos Castillas, Aragón, Madrid y la cornisa cantábrica, este investigador señala que “si en época romana hubo un gran terremoto y su periodo de recurrencia es de 2.000 años, podría volver mañana y no lo sabemos”.

Efectivamente, la investigación en tectónica reciente y paleosismicidad permite extraer información sobre el funcionamiento actual de las fallas y las estructuras asociadas, con el objetivo de obtener los parámetros sísmicos de las fallas que son necesarias para evaluar la peligrosidad sísmica. Estas investigaciones son indispensables para caracterizar las fallas sismogénicas en aquellos ambientes geotectónicos donde los ciclos sísmicos de las fallas tienen una duración superior a la del registro histórico.

Por lo tanto, es imprescindible profundizar en el estudio de los terremotos, no solo mediante geofísica y técnicas instrumentales, sino aplicando métodos geológicos que nos permitan ampliar el conocimiento sobre fallas activas con periodos de retorno más amplios.

Las inundaciones no han dado tregua este invierno a Andalucia. Continuos episodios meteorológicos acompañados de fuertes lluvias han provocado el desbordamiento de ríos, numerosas evacuaciones, cortes en carreteras y vías de ferrocarril, el realojo de familias afectadas e importantes daños en bienes privados e infraestructuras públicas. poniendo en riesgo a diversos municipios de las provincias de Sevilla, Córdoba, Jaen y Málaga.

Sin embargo, el origen de estos daños no reside únicamente en la adversidad de los episodios meteorológicos. Como afirma el Defensor del Pueblo Andaluz, en un informe publicado en noviembre de 2009, bajo el título “Ordenación del Territorio y Urbanismo en los Informes de la Oficina del Defensor del Pueblo Andaluz”, la situación de riesgo creada por la construcción de inmuebles de distinta naturaleza en zonas de inundación es una realidad que, desgraciadamente, se ha propiciado a través de un crecimiento desmesurado e insostenible de las poblaciones, fruto, en gran medida, de las acciones y omisiones en la tutela del territorio de aquellas Administraciones que poseen, desde hace mucho tiempo, competencias muy claras para emitir informes, ejercer acciones y, en su caso, desestimar acuerdos de aprobación de planeamiento que vulneran normas sectoriales o son contrarias al principio de racionalidad técnica que debe estar siempre presente en la planificación territorial y urbanística.

Para que realmente cambie la situación y disminuyan los riesgos de que se repitan situaciones como las que han vivido este invierno algunos municipios de Andalucia es imprescindible una nueva cultura del territorio, en donde se asuma de una vez el compromiso de que jamás se apruebe un plan de ordenación urbanística que no incluya el mapa de riesgos naturales, de obligado cumplimiento desde la aprobación de la ley de suelo estatal, y que se establezcan las limitaciones en el uso de las zonas inundables para garantizar la seguridad de las personas y bienes, tal y como está previsto en el Reglamento del Dominio Público Hidráulico.

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Fuente: Europa Press

Las estadísticas de los últimos siete siglos han puesto de manifiesto que el sureste de Andalucía, concretamente Málaga, Granada y Almería, han registrado cada 100 años un terremoto de consecuencias especialmente destructivas. Por este motivo, el presidente del Colegio Oficial de Geólogos, Luis Eugenio Suárez, señaló que la zona podría volver a sufrir un caso similar al de siglos pasados, ya que el último de esta magnitud tuvo lugar en 1884 en Arenas del Rey (Granada), causando la muerte a más de 800 personas.

Suárez explicó que estas provincias se corresponden con una zona sísmica y pidió a los ayuntamientos que se extremen precauciones garantizándose la aplicación de las normas sismorresistentes en los edificios.

En declaraciones a Europa Press, manifestó que los datos muestran que “cada cien años aproximadamente se produce un terremoto destructivo de magnitud seis o siete en la escala Richter”. Aunque señaló que “la población debe conocer este riesgo”, subrayó que “es asumible y que no debe crear alarma”. Read the rest of this entry »

Una niña de 12 años salvó la vida de buena parte de los habitantes del archipiélago Juan Fernández, a 600 kilómetros de la costa chilena, al alertar sobre las olas gigantes que devastaron las islas tras el terremoto que asoló el centro y sur de Chile el pasado 27 de febrero. La menor, llamada Martina Maturana, se enteró del fuerte sismo a través de su abuelo, residente en Valparaíso, y corrió hasta una céntrica plaza de Robinson Crusoe, la principal isla del archipiélago, e hizo sonar un gong, que es la alarma del pueblo para estos casos. La señal despertó a varios lugareños de la isla, quienes también empezaron a tocar campanas y a huir hacia las alturas, minutos antes de que una ola gigante destruyera buena parte del territorio, donde se registraron ocho víctimas mortales y 13 desaparecidos.

Esta anécdota demuestra que, como ha señalado recientemente la Sociedad Geológica de Chile, la mejor forma de estar informados y de comprender los fenómenos naturales es la educación de base de toda la población, insistiéndose en la urgente necesidad de incluir una asignatura de Geociencias en el currículo escolar, con especial énfasis en temas vinculados a los peligros geológicos.

Video CNN

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Por Gabriel González. Universidad Católica del Norte - Sociedad Geológica de Chile

Este terremoto, de enormes proporciones, ocurrió en el límite entre las placas de Nazca y Sudamericana. Consistió en una ruptura de 650 km de largo que se extiende desde la fosa chilena hasta unos 60 km de profundidad bajo el área continental. El plano de falla que deslizó tiene una orientación de N16°E y una inclinación de 15° hacia el continente. Por las características de la ruptura es posible inferir que la falla se inició cerca de la línea de costa y se propagó simétricamente hacia el norte y hacia el sur, alcanzando por el sur la localidad de Tirua y por el norte el puerto de Valparaíso. La ruptura deslizó la región localizada al norte del sismo de 1960 (Mw=9.5) y corresponde al deslizamiento de una laguna sísmica de similar longitud a la del norte de Chile. Estimaciones basadas en los registros sísmicos indican que el deslizamiento máximo en la ruptura fue de 7.5 m, con un tiempo estimado de propagación del orden de 200 segundos.
El terremoto generó un tsunami que afectó gran parte del litoral del centro y sur de Chile. La localización de la ruptura sugiere que la costa habría descendido durante el sismo al menos 1 a 2 m generándose la rápida inundación de las zonas costeras.
Este terremoto constituye el sismo más grande registrado instrumentalmente en Chile en los últimos 50 años y solamente superado por el terremoto de 1960. Hasta antes del 27 de Febrero del 2010 existían en Chile al menos tres lagunas sísmicas, una ubicada desde Concepción al Norte hasta Constitución, las siguientes en el norte de Chile. La ruptura de este sismo desliza la laguna sísmica más meridional, pero incorpora parte de la ruptura del terremoto de 1960, parte de la ruptura del terremoto de 1906 y parte de la ruptura del terremoto de 1985. Este antecedente indica que estos grandes terremotos pueden involucrar rupturas que exceden las longitudes de las lagunas mismas. En este caso la ruptura excede el largo de la laguna sísmica de Concepción y Constitución. El largo de la ruptura del terremoto del Maule Mw 8.8 estuvo fuertemente controlado por la orientación de la fosa, la cual tiene cambios de rumbos al norte y al sur que coinciden con los puntos de término de la ruptura.

Fig.: Las elipses rojas representan la distribución de planos de ruptura de terremotos registrados en el margen occidental de Sudamérica. La elipse con contorno amarillo representa el plano de ruptura del terremoto del Maule.

Fuente:
Sociedad Geológica de Chile

Declaración Pública
Terremoto de Constitución 2010

La Sociedad Geológica de Chile, ante la situación generada por el terremoto y tsunami del sábado 27 de febrero 2010, declara lo siguiente:

(1) Lamentamos profundamente la pérdida de vidas humanas y los cuantiosos daños materiales producidos, los cuales afectaron a un sector importante de la población urbana y rural de la región centro-sur del país. Ante esta catástrofe, ponemos a disposición de instituciones públicas y privadas del país el conocimiento de nuestros asociados en los aspectos científicos y profesionales envueltos en la reparación de los daños y la prevención de eventuales nuevas situaciones de emergencia.

(2) Como especialistas en Ciencias de la Tierra, y conocedores de los procesos tectónicos asociados a terremotos y tsunamis, podemos asegurar que este gran terremoto (Mw=8,8) ha permitido liberar la mayor parte de la energía acumulada en este extenso segmento de la costa chilena. Por consiguiente, la ocurrencia de un evento sísmico de similares características en esa misma zona, es altamente improbable durante las próximas décadas.

(3) No obstante lo anterior, estimamos que en la zona del terremoto ocurrirán numerosas réplicas durante los próximos meses, las cuales irán decreciendo en magnitud y en frecuencia en el tiempo. Algunas de éstas podrían alcanzar magnitudes importantes, incluso superiores a 7, aunque en ningún caso similares al terremoto principal. Debido a ello, es necesario que autoridades y ciudadanía estén preparados para enfrentar problemas tales como el potencial colapso de infraestructura dañada o deslizamientos de terreno en zonas debilitadas.

(4) En los últimos años ha existido una creciente preocupación de las autoridades por dotar al país de una infraestructura apropiada para el monitoreo de volcanes, terremotos y riesgos asociados en el territorio nacional. El avance del conocimiento científico permite determinar las áreas del territorio más expuestas a estos fenómenos naturales e incluso estimar la magnitud de los sismos esperados. A pesar de ello, consideramos que tanto la comunidad científica como las autoridades deben hacer mayores esfuerzos en utilizar/transformar el conocimiento científico de base en la formulación de políticas públicas sólidas y oportunas. Como Sociedad Geológica de Chile nos ofrecemos para cooperar en esta importante tarea nacional.

(5) La mejor forma de estar informados y comprender los fenómenos naturales es la educación de base de toda la población nacional. Insistimos entonces en la urgente necesidad de incluir una asignatura de Geociencias en el currículo escolar, con especial énfasis en temas vinculados a los peligros geológicos.

(6) La devastación provocada por este terremoto, sumada a los efectos de otros fenómenos naturales recientes tales como el terremoto y tsunami de Aysén en 2007 y la erupción del volcán Chaitén en 2008, ha demostrado la necesidad de una mejor coordinación entre las autoridades, las dispersas agencias del estado, y la comunidad científica. Al respecto proponemos constituir una agencia nacional dependiente el Ministerio del Interior que convoque, en una instancia única a científicos, profesionales y técnicos con la capacidad de generar, comprender, interpretar y divulgar el conocimiento de base que permita, en conjunto con la autoridad, elaborar políticas públicas de largo plazo y los planes de contingencia correspondientes.

Fuente:
Sociedad Geológica de Chile

Un equipo de matemáticos de la Universidad Complutense de Madrid (UCM) ha desarrollado una aplicación informática que estima la magnitud de los desastres naturales y facilita a las ONGs la toma de decisiones.

El programa parte de la información sobre el tipo de desastre (terremoto, inundación, huracán, tsunami, incendio…), unidades cuantificables (escala Richter para terremotos, velocidad del viento para huracanes, etc.) y una medida de la vulnerabilidad de la zona. Para obtener ésta última, la más difícil de conseguir, los científicos emplean el índice de desarrollo humano que facilita la ONU por país, y lo modifican para ajustarlo a la situación de la región afectada.

Con estos datos la aplicación informática estima la magnitud de las consecuencias de la catástrofe, en términos de fallecidos, heridos, personas sin hogar, otros afectados y coste económico, una información muy útil para las ONG. La elección de estas variables se ha realizado a partir de la base de datos del Centro de Investigación en Epidemiología de Desastres de la Universidad de Lovaina (Bélgica), colaborador de la OMS.

Para enfrentarse a la alta imprecisión e incertidumbre de los datos que se manejan en estos casos, los investigadores trabajan con lógica difusa, una herramienta matemática que opera con intervalos de números (no con cifras exactas) para tratar de cuantificar “lo mucho o lo poco” de magnitudes como el número de heridos o afectados.

Fuente:
Knowledge-Based Systems Journal
A natural-disaster management DSS for Humanitarian Non-Governmental Organisations

En un reciente informe publicado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), se señala que el coste de reconstruir Haití después del terremoto del 12 de enero, podría oscilar entre 8.000 a 14.000 millones de dólares.

La técnica de medición del estudio se ha realizado utilizando técnicas econométricas de regresión simple (datos de panel e información sobre desastres naturales pasados con sus respectivas estimaciones de daños). Dentro de las variables significativas se utilizan la magnitud del desastre, el número de muertes, población y PBI per cápita en el país afectado.

El coste de reconstrucción tendrá un cálculo más detallado en la medida que se complete un estudio de necesidades post desastre. Los daños se han calculado asumiendo el coste de 200.000 a 250.000 muertos o desaparecidos, de acuerdo con los informes de evaluación del gobierno de Haití.

Aunque los resultados están sujetos a ciertas reservas, el estudio confirma que el terremoto de Haití ha sido probablemente el más destructivo de los desastres naturales de la era moderna, incluso mayor que el devastador tsunami del sureste asiático de 2004.

Fuente: Banco Interamericano de Desarrollo

Estimating the direct economic damage of the earthquake in Haiti

PEDRO PABLO HERNAIZ HUERTA, Doctor en Geología. 16/02/2010. El Pais.

La tremenda tragedia que asola a Haití ha puesto de manifiesto una vez más la enorme violencia y capacidad de destrucción de los fenómenos naturales derivados de la propia dinámica terrestre. Como en el caso de su más importante predecesora, la gran tragedia de Sumatra-Andamán (Indonesia) de diciembre 2004, el origen de la catástrofe ha sido de nuevo un terremoto, si bien en aquella ocasión el epicentro se situó mar adentro y el fenómeno devastador fue en realidad el tsunami producido por éste.

Los terremotos son producidos por fallas activas, es decir, fallas que se están moviendo en la actualidad. La enorme energía elástica acumulada durante décadas en los bloques situados a uno y otro lado de la falla a causa de los esfuerzos tectónicos, se libera súbitamente (y sin previo aviso) en forma de ondas P y S que cuando alcanzan la superficie terrestre se transforman en ondas superficiales (ondas Love y Rayleigh) con un gran poder destructivo. La escasa profundidad del epicentro del terremoto (10 kilómetros), sin posibilidad de atenuar su energía en su escaso trayecto a superficie, ha contribuido a amplificar la catástrofe de Haití y a que ésta se haya concentrado en torno a la vertical del epicentro. Las imágenes del bamboleo y sacudidas del terreno que mostró la televisión, captadas por video aficionados, registraban precisamente ese momento que duró apenas un minuto. El efecto se asemeja al de esos artilugios de feria que se mueven frenética y cíclicamente a un lado y a otro (ondas Love) y hacia arriba y abajo (ondas Rayleigh).

Sin duda, la baja calidad de la construcción, propia de un país extraordinariamente pobre y sin recursos, y la alta densidad de población en Puerto Príncipe, han contribuido a elevar notablemente el número de víctimas. No es casualidad que los terremotos con mayor número de víctimas ocurran precisamente en países pobres o en vías de desarrollo. Terremotos de intensidad similar o mayor ocurridos en países del primer mundo y altamente concienciados con el peligro sísmico, como es el caso del terremoto de Kobe en Japón, han producido un número elevado de víctimas mortales (5.000 muertos) pero lejos de las cifras apocalípticas registradas en Haití. Para aquellos países seriamente amenazados por la actividad sísmica, ésta es la única forma de prevención o mejor dicho, de mitigación, porque de hecho, una prevención absoluta o completamente efectiva, es difícil de poner en práctica, salvo que estemos dispuestos a mover de lugar a poblaciones y ciudades enteras. Desafortunadamente, a fecha de hoy la predicción resulta imposible, pese a los notables esfuerzos y avances realizados por la comunidad científica en esta disciplina. Read the rest of this entry »

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En 2009, el número total de personas que perdieron la vida y resultaron afectadas por desastres naturales ha sido menor que en 2008.

Según UNISDR y CRID, se han contabilizado en el mundo 327 sucesos catastróficos, que ocasionaron 10.416 muertos y cerca de 113 millones de afectados. En cuanto a las pérdidas económicas, se produjeron daños por valor de 34,9 billones de dólares. El desastre con mayor número de muertes fue el terremoto de 7.6 de magnitud de Sumatra, de 30 de septiembre, que provocó la muerte de 1.100 personas.

En la última década, casi el 60 por ciento de las víctimas de desastres naturales han fallecido a causa de terremotos.
El riesgo sísmico sigue siendo una de las amenazas más graves para millones de personas en todo el mundo. De hecho, 8 de las 10 ciudades más pobladas del mundo se encuentran asentadas en zonas de fallas activas. Estas megapolis son: Tokio, Méjico, Nueva York, Mumbai, Nueva Delhi, Shanghai, Kolkata y Yakarta.

2009 disasters in numbers